Jaja, ¿quién iba a decir que el seco Giovanni es así con su esposa, tan pegajoso y cariñoso, como un niño que no quiere dejar de abrazarte nunca?
***
En la casa de la familia Favero.
—Señorita…— apenas la empleada abrió la puerta, Araceli se quitó los tacones y los dejó junto al mueble, con un gesto de dolor y rabia. Salió corriendo al salón, subió las escaleras, entró a su cuarto y lanzó el bolso con tanta fuerza que todo lo de adentro se desparramó.
Después, gritó con fuerza:
—¡Ahhh!
—¿Qué pas