La otra se quedó tiesa por un segundo, sorprendida por la mirada de Giulia.
Pero en cuanto reaccionó, ya tenía a Giulia encima, empujándola sin mostrar ni pizca de respeto.
—Tengo que hablar con Luca. Lárgate, perra.
Mientras hablaba, sacó un fajo de billetes del bolso y lo lanzó sobre la mesa.
Siempre traía efectivo. Venía tan seguido a ese bar a buscar a Luca que ya se sabía la jugada. Pagar con tarjeta o transferencia era más lento; el efectivo impactaba más, aunque no fuera tanta plata.
La m