KOSTAS.
El aire en mi oficina es denso, cargado de una tensión que corta la respiración. Me apoyo en el borde de mi escritorio de caoba, sintiendo el frío de la madera a través de mi traje. Frente a mí están Herodes, el jefe de la Sacra Corona Unita y padre de Melisa, y Nick, mi mano derecha. La llamada de los Mancini, esa burla cruel con la voz ahogada de mi Melisa, me ha roto algo por dentro.
La imagen de su sufrimiento, el terror en su voz... me revuelve el estómago. Ellos la tocaron. Y ahor