MELISA
Necesito aire fresco. La conversación con Mikeila ha envenenado el ambiente, y el encierro me asfixia. Con un respiro hondo, me levanto de la silla, apoyándome en las muletas. Me muevo con lentitud, sintiendo una pequeña, pero vital, sensación de libertad con cada paso.
Atravieso la puerta y lo primero que veo son los vigías. Sus ojos me siguen, una vigilancia silenciosa que me recuerda mi lugar. Decido no alejarme mucho, no quiero cansarme. Camino por el corredor, pero me dirijo hacia l