MELISA
Necesito un momento lejos de esta mesa, lejos de la tensión y de las palabras cargadas de muerte.
—Con permiso —digo, interrumpiendo el tenso silencio—. Voy al baño.
Los ojos de ambos hombres se dirigen a mí inmediatamente. La mirada de Kostas es un fuego protector que me evalúa; la de Herodes es curiosa. Ambos me ven como una pertenencia, una pieza valiosa que debe ser vigilada.
Me levanto. Detrás de mí, siento el movimiento silencioso. Luis y Marcos, mis dos escoltas, se levantan para