KOSTAS
La bofetada ha sido fuerte, pero el impacto emocional es lo que me detiene. Retrocedo un paso, impactado, sí, pero algo aún más peligroso me recorre. Una leve sonrisa se curva en mis labios. Nadie hace esto. Nadie se atreve. Esta mujer me sorprende y me desafía como ninguna otra.
—¿A qué se debe este golpe, Melisa? —le pregunto, mi voz sorprendentemente tranquila, casi divertida, mientras toco mi mejilla ardiente.
Ella no responde con palabras. En cambio, su otra mano se alza con la mism