KOSTAS
Me aparto de ella, mi cuerpo está tenso, rígido. Me siento contrariado, dividido por esa imagen de Melisa que no me suelta. Paloma me mira extraño, con esa confusión de quien no entiende por qué el placer se interrumpió.
—¿Cómo que no puedes hacer eso? —me pregunta, mientras trata de tocarme el brazo.
—Lo que escuchaste —le corto—. Toma tus cosas y lárgate de aquí.
Ella parpadea, la orden es clara y mi tono no admite réplica. Se baja del escritorio, los planos que movió quedan hechos un