KOSTAS.
El ascensor se detiene y la puerta se desliza. Entramos a mi apartamento. Lo uso exclusivamente para meditar, por lo que las luces se encienden solas al sentirnos. Melisa repara todo el ambiente con una mirada ansiosa.
Voy hacia el panel de la pared y gradúo la intensidad de la luz. Quiero un aire más íntimo. Dejo el control y me dirijo a la licorera personal. Sirvo dos tragos de whisky. El tintineo del hielo es el único sonido que rompe el silencio.
Tomo un vaso en cada mano. Respiro h