KOSTAS
Me muevo sobre ella, preparándola. Mi cuerpo busca el suyo, pero ella se detiene, colocando sus manos tímidamente sobre mi pecho.
—Kostas —susurra, la adrenalina desaparece y la ansiedad toma su lugar—. Hace mucho tiempo que no tengo sexo.
El tono de su voz cambia, volviéndose una súplica nerviosa.
—Sé más suave. Tienes... un miembro muy grande.
La miro a los ojos. La miro de verdad. El deseo brutal se atenúa, dejando paso a la promesa de protección que ella me pidió.
—Seré gentil —le di