MELISA
Mis ojos están fijos en la ventana, pero mi mente está en otra parte. Siento el peso de su mano sobre mi pierna desnuda, una sensación que me hace sentir expuesta, vulnerable, y tan excitada que me encuentro avergonzada. Una electricidad me recorre la piel, una mezcla de miedo y una extraña excitación. No sé qué me espera en ese casino, pero sé que esta noche, mi vida, la vida que conocía, ha terminado.
—Tranquila, no pasa nada —dice Kostas, y la presión de su mano aumenta un poco sobre