Demian la mirò con ojos pequeños, conocía esa clase de mujeres, las detestaba, tan frívolas para sentir nada.
—Yo solo tengo ojos para mi esposa, así que aléjate, mujer.
Liliana observó tal escena, Demian se puso pálido como una hoja de papel.
—¿Acaso no lo escuchaste mujer? —sentenció Liliana, sintió que perdía su buen temple.
Renata soltó a Demian, la mirò con ojos desafiantes.
—¿Tanto miedo tienes de que tu esposo me mire a mí?
Liliana sonrió.
—En realidad, no, a mi esposo no le gustan