Ella golpeó en su pecho con fuerzas.
—Sigue soñando despierto, dicen que soñar no cuesta nada.
Ella pudo ver el rostro de Demian volverse tan rabioso, sintió miedo, pero lo vio echar llave a la puerta, Liliana se sintió un pequeño animal indefenso, frente a una bestia salvaje.
—¿Qué haces? ¡déjame salir! No te atrevas a lastimarme —dijo y sus ojos estaban asustados.
Él sonrió, de esa forma maliciosa que ella odiaba.
—No lo haré, querida, puedes estar tranquila.
Él fue al cuarto de baño, al