Liliana estaba ordenando los libros de la señora Paulina, cuando ese hombre entró en la biblioteca, la observó.
—Quería agradecerte por ayudarme esa noche en la estación de tren, sin tu ayuda, estaría muerto.
Liliana observó a Azael Salvador, no tenía mucho en haber vuelto a casa, sonrió.
—No tiene nada que agradecer, me alegro de que esté mejor.
—No me hables de usted, ahora me haces sentir viejo, ya tengo suficiente con ser un alcohólico, ¿no? —dijo con risas
Ella se sintió apenada
—Llám