A Micaela le bastó ver mi cara para saber mi respuesta.
Mientras yo todavía luchaba por procesar la situación, ella me sujetó suavemente el brazo bueno y me guió hacia una tienda de ropa interior femenina.
Entramos sin detenernos hasta el otro extremo del local. Allí me soltó y habló en voz baja, rápido, los ojos fijos en la entrada.
—Noté que un auto parecía seguirnos en la autopista, y lo confirmé cuando llegamos a la ciudad. Estacionó en el mismo nivel que nosotras y no nos perdió el rastro