Abrí los ojos al sol colándose por la ventana entre las ramas de los árboles frutales que rodeaban la casa. Hubiera dormido un rato más, para darle gusto a mi cuerpo, pero mi mente estaba demasiado despierta. Me desperecé como me habituara a hacer en las últimas dos semanas, con un solo brazo. Entonces recordé que a partir de ese día, el médico me había autorizado a quitarme parte del cabestrillo. Aquello fue suficiente para darme el impulso que necesitaba para apartar las sábanas y levantarme.