Jazmín corrió a través de la vegetación crecida sin saber bien a dónde estaba yendo. Sus pies descalzos dolieron contra las piedras, ramas rotas y algunas espinas. No había encontrado dentro del cuarto un calzado, pero por suerte había podido robarle a Meri un abrigo que tapaba su camisón y cubría su piel hasta por debajo de sus rodillas.
Miró hacia atrás nerviosa y agitada. La cabaña se veía cada vez más lejos y no había rastros de Meri. Necesitaba desaparecer de su vista antes de que notara