Elio sintió cómo sus entrañas se revolvían mientras se acercaban más y más a la guarida de los pandilleros. -Aquí a la derecha- le indicó al conductor. Podía sentir la bilis subir por su garganta, sintiéndose preso del terror.
Lo único que le daba consuelo, era saber que volvería a ver el rostro de Jazmín en su reencuentro.
Porque iba a tener uno ¿No?
Elio tenía fe de que sí. Su historia sin comienzo no podía terminar así. No podía ganar el mal. Aunque podría morir esa noche, pero no podría