Sentí cómo todo mi mundo se caía a mi alrededor. Con las piernas debilitadas, caminé hacia el mueble y me senté pesadamente en él. Mi madre contuvo el aliento al otro lado; pude sentir cómo su respiración se detuvo.
—Sal de allá, Alana, por favor. Sal de allá. El mercado negro no es seguro para ti. No tiene nada que ofrecerte. Ese barrio es la ruina y la muerte. Van a respetarte por ser la hija, la herencia de la navaja suiza, pero así como algunos te respetan por eso, otros te van a odiar por