Pude ver cómo Nicolás caminó hacia la puerta con seguridad, aunque sus mejillas seguían relativamente rojas. Solamente una persona como yo podría ver las mejillas del hombre y saber que había estado jugando sucio un rato. Siempre le pasaba lo mismo en el acto: sus mejillas se enrojecían, llenas de pequeños puntitos rojos, con el puente de la nariz colorado como un tomate.
Pero sabía también que estaba enojado, que se sentía tenso. Estaba segura de que, de no haber sido por la intervención de Cr