Inmediatamente me puse de pie.
— ¿Qué están haciendo? En las cámaras de seguridad se vio que era defensa propia. ¡No pueden hacer esto!
— El señor tiene una denuncia en su contra — dijo uno de los policías, apoyando su mano en mi pecho con un poco de brusquedad.
— ¡Suéltela! — dijo Cristian con rabia — . ¡No la toque!
El policía sabía quién era Cristian. Todo el mundo sabía quién era Cristian: el soldado condecorado, el asesino despiadado. Así que me soltó bajo la amenaza del guardaespalda