¿Podría confiar en la palabra de Alana? Esa es la pregunta que me invadió. Ciertamente no tenía la menor idea. Después de que salí de la celda, a través de aquel estrecho pasillo, logré encontrar y soborné al guardia de seguridad para que me dejara entrar. Salí a la calle, el atardecer ya comenzaba a caer y yo definitivamente supe que tenía que hacer algo al respecto.
Mi hermano tampoco había sido un excelente hermano, y habían sido muchas las ocasiones en las que me había mentido, usado y mani