En pijama, hacia la estación de policía, así había empezado mi día. Y supe que las cosas no harían más que empeorar cuando la patrulla arribó a la estación. Había percibido, desde el primer instante, que Cristian y su equipo nos habían seguido para no perder ninguna pista de mí, pero seguramente sabían qué era lo que tenía que pasar. Tenía que confiar en Valentín y en que todo lo que estaba haciendo estaba perfectamente presupuestado.
Era obvio que iba a meterme en problemas con la policía por