Mi mente era un torbellino siniestro. Ya no sabía qué era lo que quería, no sabía qué creía o cuál era el siguiente paso. Siempre había tenido control sobre mi vida, pero ahora… ahora que Alana había regresado y ya había mencionado la palabra *venganza*, que había visto la rabia en sus ojos, ya no sabía qué hacer. Porque me asustó: se había convertido en una mujer que yo desconocía por completo, que engañaba y manipulaba. La forma en la que se hizo pasar por Luisa, la forma en que no le importó