Valentín pensó lo suficientemente rápido cuando escuchó las voces que se acercaban. Dio ligeramente la vuelta y pateó el balde que estaba sobre la mesita inferior del carrito de limpieza, y este se volcó, haciendo un reguero en medio del pasillo. Entonces, en el instante en el que la puerta se abrió, los tres estábamos ahí recogiendo el reguero.
Pude escuchar nuevamente la voz. Era él, sin duda alguna, y en el momento en el que ambos hombres que estaban conmigo voltearon a mirar hacia la entrad