DAMIÁN ASHFORD
Esperaba a Andy desde hacía más de una hora. El almuerzo que había pedido se estaba enfriando en la mesa, la botella de vino abierta, las copas servidas… todo estaba listo para cuando ella llegara, pero no aparecía, y el silencio del «chalet» me estaba comiendo vivo.
Aunque habíamos decidido ir despacio, también habíamos aceptado hablar con los niños para explicarles que mamá y papá comenzarían una relación. Era una sorpresa, pero tanto Andy como los mellizos no llegaban y comenc