DAMIÁN ASHFORD
De un momento a otro, el pasillo estaba bloqueado por su gente, apuntándonos con sus armas mientras tiraban de los portones para encerrarnos en la nave. Al mismo tiempo noté que las puertas de cada corral eran eléctricas, lo cual facilitaría abrirlas a distancia.
El auditor francés retrocedió con una gran sonrisa, sintiéndose victorioso.
—¿Qué pasa Jonathan? ¿No tienes miedo? —preguntó intentando obtener alguna reacción o tal vez alguna súplica, pero no fue así—. ¿Sabes con qué