MOLLY DAVIS
—¡Tía Rachel! ¡Con permiso! —exclamó una suave vocecita, haciéndome posar la atención hacia ella.
—¡Tío Carter! ¡Hazte para allá! ¡No nos dejas ver! —segundó otra vocecita. Entonces vi dos cabecitas rubias abriéndose paso entre las piernas de Rachel y su acompañante de ojos bicolor.
Cuando por fin pasaron, se me quedaron viendo con sus enormes ojos azules. Eran un par de mellizos encantadores. Sus miradas me inspeccionaron con atención, de arriba abajo.
—Es idéntica a mamá —susurr