ALEXEI MAKAROV
Por un momento nos vimos a los ojos Molly y yo, como si quisiéramos encontrar en el otro la respuesta. Sus cejas fruncidas, sus ojos confundidos, parecía un animal perdido, herido y desconfiado, pero la profundidad de sus pupilas, la belleza de su rostro ahí estaba, causándome estragos.
Entreabrí la boca, sin saber si admitir las palabras de mi hermana o fingir que no pasaba nada.
—¿Lo estás? ¿Te enamoraste? —preguntó Nadia acercándose un poco más, sin soltar el error que la id