ALEXEI MAKAROV
Arrojé el control contra el piso, lo aplasté debajo de mi suela y aunque se hizo pedazos, Molly seguía en el piso, retorciéndose de dolor, de la misma manera que mi corazón. Nunca había sentido tanta ansiedad y desesperación.
Corrí hacia ella y, pese a su dolor, estiró la mano mientras negaba con la cabeza, sabiendo que, si la tocaba, la electricidad también correría por mi cuerpo.
—¡Vayan al baño! ¡Échenle agua para que se divierta más! —exclamó mi hermana a mis espaldas, rien