DAMIÁN ASHFORD
—¿Lo hará? ¿En serio? —pregunté escéptico y mi cuerpo se tensó—. Creí que me odiaba…
—Te odio, eso no cambió —respondió sin pensarlo mucho. Sonrió con melancolía y desvió su mirada hacia la ventana, observando la oscuridad de la noche—, pero hablé con mi hija, y ella te ama con devoción. Ella es quien contiene mi odio hacia ti. Mientras ella te ame, yo te respetaré y te ayudaré. Rómpele el corazón y juro que te arrancaré las pelotas y haré que te las tragues y te asfixies con ell