ALEXEI MAKAROV
Bajé las escaleras con calma y silencio, el mismo que abundaba en toda la casa. Llegué al comedor donde mi padre, sentado a la cabeza, ya estaba leyendo su periódico mientras bebía café. A su derecha su hija favorita, con la arrogancia de siempre, inspeccionando su plato antes de comer, porque ella tenía exigencias absurdas que complacer antes de dar el primer bocado.
¿En verdad se preguntaba por qué Lucien no la había escogido? ¿Qué hombre querría convivir con una mujer tan quis