ALEXEI MAKAROV
Cerró los ojos y esperó como quien está ante un accidente inevitable. Era una chica linda, despejé su rostro de un par de mechones rebeldes que lo ocultaban y cuando se dio cuenta de que nada pasaba, abrió sus ojos azules, que podían pasar de un cielo despejado a la noche más oscura.
—No estoy acostumbrado a tomar por la fuerza lo que por lo general me suplican que tome. —Me quité de encima, notando como suspiraba aliviada—. El auditor es muy reservado con su vida privada. Yo no