ROCÍO CRUZ
Pensé en cómo comportarme y qué decir, pero… ¿no bastaba dejar que fluyera tal cual me sentía? Estaba escapando de la casa de un mafioso que casi me viola. Mi vestido se sentía húmedo por la sangre que había derramado, salté de un primer piso.
¿Qué más motivación quería?
Con cada paso que di, dejé que mi miedo, mi ansiedad y todo ese nerviosismo aflorara. Por instinto me abracé a mí misma y llevé la mirada clavada en el piso todo el tiempo, hasta que llegamos a las puertas.
—¿No es