ROCÍO CRUZ
Entré a mi habitación, después de haberle entregado a ambos hombres todo lo que recolecté con Alexei. El cuarto estaba tan silencioso y vacío, pero decidí ignorarlo y fingir que solo había regresado de una jornada pesada, como si lo que pasó se pudiera comparar con un día detrás de la barra sirviendo tragos.
Me quedé largos minutos debajo del agua de la regadera, repasando cada momento, cada palabra, cada acción. ¿Cuántas veces Alexei mantuvo el control de la situación? Todo el tiem