ROCÍO CRUZ
Bajé del avión entre bostezos, me sentía como cuando era niña y llegaba dormida a casa después de arrullarme dentro del auto. Ya era demasiado pesada para que mi madre me cargará hasta mi cama, así que tenía que moverme por inercia, arrastrando los pies.
James me tomó del brazo y me dirigió con su mano en mi cintura, siempre manteniéndose cerca de mí. Me sentó en unas bancas de metal, mientras su mirada me ordenaba que me quedara ahí, y sinceramente no tenía intenciones de irme a ni