ROCÍO CRUZ
Avanzamos hacia esa ave de acero pintada de blanco. Nunca me había subido a un avión y mi primera vez sería en uno privado, con todas las comodidades y dos chicos guapos. Me mordí el labio mientras avanzaba con la frente en alto, contoneándome victoriosa mientras James y Shawn me escoltaban.
Podía considerarlo un pequeño gusto que me merecía por la magnitud del sacrificio que haría. Tal vez perdería la vida, pero iba a exprimir las tarjetas de ese par de ricachones antes.
El espaci