ROCÍO CRUZ
Estaba tan segura de que ese tal Alexei era el mismo hombre del club, pero cuando lo tuve delante, ni siquiera lo reconocí, porque simplemente no era el mismo.
—¿Ahora qué? —pregunté sentada en el borde de la cama, con los codos apoyados en los muslos y la mirada fija en el piso.
Todas las clases, los vestidos elegantes, las joyas y los caracoles a la mantequilla parecían un esfuerzo inútil. James se sentó a mi lado y con delicadeza acarició mi mejilla, llamando mi atención.
—Mañan