JAMES CARTER
El vaso cayendo me hizo distraer la atención de Ágata para buscar en el fondo del salón. Ahí estaba mi conejita, con los ojos abiertos y las manos hechas puño a la altura de su pecho, como si quisiera evitar que su corazón se le saliera.
—Carter… —pronunció mi apellido y sus ojos se le llenaron de lágrimas.
Era nuevo en esto. No sabía cómo lidiar con sus sentimientos, ni siquiera sabía interpretarlos. ¿Estaba triste? ¿Le dolía algo? ¿Por qué lloraba al verme? ¿No estaba feliz de q