DAMIÁN ASHFORD
—Te dije que no era necesario que vinieras —insistí mientras la mano de Andy se aferraba a la mía.
La gente comenzaba a acomodarse en sus respectivos asientos, como quien espera la función del circo. La sala del juzgado estaba casi a reventar, el jurado ya estaba sentado cómodamente, dedicando miradas curiosas y algunas acusatorias hacia mí. El juez aún no aparecía, John tampoco, y esperaba que no llegara.
—Estamos juntos en esto —contestó Andy apretando más fuerte mi mano. Noté