LUCIEN BLACKWELL
Me moví con cuidado, viendo como el personal levantaba y limpiaba el interior del quirófano, mientras mi bello ángel se mantenía en la cama, con esa mascarilla de oxígeno en su rostro mientras el anestesista le tomaba el pulso. En cuanto el hombre, ya entrado en años, me vio acercarme, sonrió por debajo de su cubrebocas, lo supe por cómo sus mejillas parecían querer salirse por encima de los cordones.
—Pero si es el esposo asesino… acérquese, ya lo peor pasó —dijo divertido an