LUCIEN BLACKWELL
Las enfermeras se vieron entre ellas con sorpresa y las mandíbulas desencajadas.
—Bueno, cuando te amenaza un mafioso es difícil decirle que no —refunfuñó Damián a mis espaldas, mientras Andy brincaba de la emoción con lágrimas en los ojos y se aferraba a la manga de su hombre.
—¡Está vivo! ¡Damián! ¡Somos tíos! —exclamó al borde de la histeria mientras yo dejaba a mi hijo de vuelta en la cuna, esta vez llorando y retorciéndose, con un aire de indignación que me hizo sentir or