CAMILLE ASHFORD
Frustrada por no encontrar mi uniforme, decidí salir. De seguro debería de estar en la lavandería, con suerte aún no estarían arruinados los papeles. Salí con cuidado de la habitación y avancé apenada, fingiendo normalidad entre las miradas de la servidumbre que parecían cuestionarse que estuviera fuera de la habitación.
Fingí ir a la cocina y cuando creí que nadie me veía, troté suavemente hacia el área de lavandería. Para mi suerte parecía completamente vacía. Identifiqué el