La mañana entró sin hacer ruido. Isabela abrió el notebook, tomó un sorbo de té y cargó su archivo de presupuesto. Un par de casillas verdes, números en orden. Añadió sus vitaminas, el transporte hospital, y los snacks que había comprado para no caer en la tentación de la máquina expendedora de golosinas. Guardó los avances, ignorando un pequeño mareo que pasó como una corta oleada. Dejó que el aire entrara por la ventana abierta, se asomó unos segundos para respirar, y una vez que volvió a se