La cadena de seguridad se movió apenas dos centímetros cuando Isa la deslizó. Noah estaba empapado bajo la luz del pasillo, el cabello húmedo pegado a la frente. Llevaba una camisa que había perdido su forma perfecta y dos carpetas bajo el brazo que protegía del agua.
—No traje papeles para comprar nada —dijo con voz suave pero fría—. Traje un dato.
Isa estudió su rostro a través de la rendija. Algo había cambiado en él. No era la arrogancia de siempre, tampoco la desesperación del hombre que h