Lena entrecerró los ojos al ver la fecha en el calendario de su nuevo teléfono.
En un pestañeo se cumplió un mes.
Dentro de su oficina, los buenos recuerdos le daban bofetadas a su deplorable presente.
La herida de la traición seguía fresca, tan amarga que le cerraba la garganta del asco.
Cada dos días recibía un mensaje de su aún esposo, pero ese día en especial Dimitri había sobrepasado la cuota.
“Sigo abierto al diálogo”.
“Me has enviado a tu abogado con el mismo acuerdo absurdo de divorcio.