Sólo se escuchaban sus respiraciones.
Pasaron diez segundos, quince, un minuto. La carcajada de Alán rompió el silencio.
Lena lo volteó a ver sin entender del todo lo que ocurría. Verlo muerto de la risa ni siquiera figuraba en su lista de cosas que ella suponía que Alán le iba a decir después de su propuesta.
—¿Qué es tan gracioso? —le dijo, medio indignada, y se cruzó de brazos.
Alán se limpió las lágrimas. Tenía tanto tiempo sin escuchar algo tan chistoso.
—Esa broma estuvo buena —soltó un g