La esperanza había hecho que Lena dejara de darle vueltas al asunto de Dimitri.
Se iba a divorciar, era un hecho. Porque no se trataba solo de la infidelidad. Con cada acción, ese hombre le demostró no solo que nunca la amó, sino que ella era un peón más en su tablero de ajedrez.
Su jugada casi perfecta. Pudieron pasar otros cuatro años y seguiría en la misma cama con el enemigo.
Un hombre tan cínico, que no paraba de mandarle mensajes para que arreglaran las cosas. Cada mensaje terminaba con: