La cena fue un vaivén de emociones.
El silencio incómodo se rompió cuando las miradas reprobatorias dieron paso a las primeras confrontaciones entre sus padres.
Alfonso bajó la cabeza y se concentró en el plato de comida.
Alán, en cambio, no fue tan correcto. Aprovechó cada reclamo que su madre le lanzaba a su padre para avivar la pelea.
—No tienes derecho a meterte en esto —dijo Humberto, y lo apuntó con el dedo.
Alán no desvió la mirada. No se dejó amedrentar. No era un niño de cinco años que