El bar le ayudaría a encontrar lo que buscaba.
Se dejó envolver por la música baja. Las bebidas decentes. Y ningún tema pendiente que resolver.
Se sentó en uno de los taburetes del extremo. Pidió su trago favorito y esperó.
—¿Está ocupado? —La voz llegó antes que la mujer.
Alán giró el rostro. Cabello castaño. Vestido negro. Una sonrisa que prometía exactamente el tipo de problema que buscaba.
—Ahora no —respondió.
Ella se sentó.
Se llamaba Valeria, o Vanessa, o algo con V. Alán no prestó