Alfonso terminaba de leer meticulosamente cada documento.
Mientras tanto, Alán revisaba cada balance de los últimos dos años de la nueva empresa.
Tenía que cuadrar las ganancias con la inversión de materia prima. Los gastos: pago a proveedores, algunos desperfectos en las máquinas.
En apariencia, los números se veían bien. Sin embargo, si se hurgaba lo suficiente, comenzaban a aparecer incongruencias casi imperceptibles.
El papeleo era excesivo. Las inconsistencias había que leerlas con lupa.